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SITUACI脫N DE EXCEPCI脫N SANITARIO-AMBIENTAL


Instituto de Derecho Ambiental

SITUACIÓN DE EXCEPCIÓN SANITARIO-AMBIENTAL

El Covid 19 nos ha impuesto una pausa, que quizás nos sirva para reflexionar, recapacitar, observar la naturaleza y por ende observarnos.

De todo el mundo llegan noticias de aguas más cristalinas, y de la reconquista de las aves, peces y mamíferos de sus espacios naturales. ¿Que estaba ocurriendo antes de la pandemia con nuestros ecosistemas? ¿Tienen relación los virus con las pandemias? y desde la óptica jurídica ¿Qué relación debemos encontrar desde el derecho en la tutela del ambiente y la salud?

Un informe realizado en el mes de marzo de la Word Wild Found Italia (WWF), concluye que existe un vínculo muy estrecho entre la propagación de las enfermedades y el tamaño de la pérdida de la naturaleza.

El trabajo "Pandemias, el efecto boomerang de la destrucción de los ecosistemas: proteger la salud humana preservando la biodiversidad" , destaca que si bien, los Virus, bacterias, arqueas y otros microorganismos como protozoos y hongos, han sido la condición previa para el nacimiento y la persistencia de la vida en la Tierra, son en la gran mayoría de los casos absolutamente inofensivos. Pero cuando estos patógenos, pasan de animales salvajes a humanos tienen efectos adversos en la salud.

El paso de patógenos (como virus) de animales salvajes a humanos es facilitado por la destrucción progresiva y modificación de ecosistemas debido a la penetración del hombre en las últimas áreas no contaminadas del planeta y al comercio, a menudo ilegal e incontrolado, de especies animales salvajes que, de hecho, determinan un contacto íntimo entre los animales y los suyos patógenos. Estas enfermedades emergentes pueden tener un costo dramático en términos de vidas humanas y fuertes impactos socioeconómicos.

La explicación tiene sus bases en la indiscriminada deforestación; el aumento de la población, las consecuentes urbanizaciones sin planificación; la segmentación de los bosques; la creación de rutas y el calentamiento global que hace a los virus más resistentes.

La explicación del porqué es bastante sencilla pero parece ininteligible en nuestro pensamiento racionalista y fragmentario. Cuando el ser humano arrasa con un bosque nativo genera un desequilibrio dentro de ese sistema. Donde había árboles habrá agua estancada (lo que favorece la propagación de nuevos mosquitos, por ejemplo) y donde había hábitats naturales habrá asentamientos humanos o monocultivos. Por esto, los animales comenzarán a migrar, se mezclarán con otras especies o buscarán refugios en las construcciones humanas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene alertando sobre el avance las nuevas enfermedades zoonóticas , causadas por este entramado complejo que incluye la destrucción de los bosques. Las selvas son la barrera que tiene el ser humano para evitar el contacto con la fauna silvestre. Pero estos espacios verdes están desapareciendo.

“El 60% de las enfermedades humanas infecciosas conocidas son de origen animal (animales domésticos o salvajes), al igual que un 75% de enfermedades humanas emergentes”, alerta este organismo en un informe sobre salud del ecosistema.

Pero la pérdida de los ecosistemas viene siendo una constante, recordemos que en 2019, en el Amazonas se registraron más de 80.000 incendios y se perdieron 9.762 kilómetros cuadrados de selva tropical, el índice más alto de la historia, indicó el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil. Indonesia, por su parte, perdió la cuarta parte de sus bosques por la plantación de aceite de palma, usado para cosméticos, biodiesel y comestibles.

Pasando al ámbito local, recordemos que la semana antes de la cuarentena los titulares de los diarios hablaban solo del humo en la ciudad, por la devastación de los humedales, a manos de los sectores agropecuarios, pero poco habla de la pérdida de los pastizales a manos de los monocultivos, que han transformado por completo nuestro paisaje y regalándonos zoonosis como el dengue y nuestra zona el mal de los rastrojos.

La relación entre el ambiente y la salud es innegable, pues somos seres vivos en un ecosistema que debe ser necesariamente saludable para que los seres que viven en el sean saludables.

¿Cuál es entonces el rol de nuestro derecho ambiental en este marco y cuáles son las herramientas que debe brindar para la tutela efectiva de los ecosistemas?

DERECHO AMBIENTAL Y DERECHO A LA SALUD:

Por todo lo anteriormente dicho estamos viviendo una era en que la naturaleza está mostrando claramente sus límites, su escases y su debilidad y los modelos económicos que han sido base de nuestro desarrollo se están acercando a sus confines.

Con la pandemia del Covid-19 nos encontramos ante la primer gran epidemia a nivel global, que ha sumido al mundo entero en una emergencia sanitaria y en una catástrofe ambiental.

Las catástrofes sanitarias y ambientales poseen tres etapas bien marcadas: una primer etapa de reducción de riesgos y de prevención, una segunda etapa en donde se presenta y se produce la emergencia ambiental propiamente dicha y una tercer etapa de resiliencia donde se pone en juego la capacidad o respuesta frente a la situación.

En la legislación argentina la emergencia ambiental está contemplada en la Ley General del Ambiente en el artículo 2 inciso K y en el Principio de Cooperación. También resultan de aplicación todos los demás principios del Derecho Ambiental e instrumentos tales como el principio de Prevención, Precautorio. Es aplicable también toda la normativa del Código Civil y Comercial de la Nación a partir del art. 1710 y siguientes que legisla en materia de responsabilidad preventiva.

También está prevista en numerosos tratados internacionales desde 1977 en adelante los cuales se fueron gestando e introduciéndose en el ordenamiento interno de los diferentes países.

Las relaciones ambiente salud es entonces innegable. La Corte Interamericana de Derechos Humanos en la Opinión consultiva Nº OC-23/17 DE 15 DE NOVIEMBRE DE 2017, “MEDIO AMBIENTE Y DERECHOS HUMANOS”, ha afirmado que el derecho humano a un medio ambiente sano debe ser entendido con connotaciones tanto individuales como colectivas. “En su dimensión colectiva, el derecho a un medio ambiente sano constituye un interés universal, que se debe tanto a las generaciones presentes y futuras. Ahora bien, el derecho al medio ambiente sano también tiene una dimensión individual, en la medida en que su vulneración puede tener repercusiones directas o indirectas sobre las personas debido a su conexidad con otros derechos, tales como el derecho a la salud, la integridad personal o la vida, entre otros. La degradación del medio ambiente puede causar daños irreparables en los seres humanos, por lo cual un medio ambiente sano es un derecho fundamental para la existencia de la humanidad.

Por otra parte en las esfera de la OMS la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación para las Emergencias Sanitarias, creada a raíz de la epidemia del Ebola de 2014/2016, codirigida por la Dra. Gro Brundtland, elaboró a fines del 2019 un informe anual sobre la temática titulado “Un mundo en peligro”.

Allí ya se revelaron aspectos muy alarmantes ya que como es cierto el dicho “el pasado es el prólogo del futuro” el informe advirtió que “nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio…” para lo cual la Junta hizo un llamamiento a los Estados a la adopción de siete medidas urgentes para preparar el mundo ante las emergencias sanitarias.

El nuevo coronavirus covid-19 se trata de una enfermedad que pasa de los animales a las personas, es de origen zoonótico y fue descubierto y aislado por primera vez en la ciudad china de Wuham a fines del año 2019.

Salta más en evidencia que el Derecho Ambiental está íntimamente ligado al Derecho a la Salud urge entonces la necesidad de establecer una estrategia común entre el derecho de la salud y el derecho al medio ambiente y por consiguiente podemos decir que todas aquellas medidas y políticas que se impulsen en ambas materias deben ir de la mano y jugar entrelazadas.

De acuerdo a lo analizado respecto a los afectos positivos que a simple vista está teniendo el coronavirus en el medio ambiente, hay que advertir que dicho impacto sería puntual ya que su efecto no perduraría a largo plazo si no se implementan políticas y medidas que impulsen el uso de energías alternativas no contaminantes.

Volviendo a la pregunta del principio y tratando de evocar una respuesta podemos afirmar que una vez finalizada esta catástrofe ambiental el planeta tierra necesitara estímulos masivos y estos deben enverdecer la economía y no correr el riesgo de volver en forma desesperada y por necesidad a los viejos hábitos contaminantes y destructivos de la naturaleza.

Esta crisis global que provoca esta pandemia es una oportunidad para empezar de nuevo, para presionar y concretar finalmente el crecimiento de políticas y economías verdes que tengan como epicentro a la naturaleza y a la salud humana.

Existe un absurdo en toda la cuestión ambiental: todos están en favor del ambiente, pero los datos muestran que el deterioro derivado de la acción humana es cada vez mayor. Existe por consiguiente un consenso declarativo y un disenso práctico.

Hay una opinión global común de que la naturaleza debe ser protegida sin embargo en la práctica las acciones políticas y económicas van en una dirección totalmente distinta.

Esta pandemia nos está obligando a paralizar el mundo, a guardarnos en nuestros hogares, a detener por un lapso de tiempo la actividad humana, nos está sacudiendo como humanidad para decirnos algo, la naturaleza en este preciso momento nos está hablando, la madre tierra, nuestra casa común se está manifestando. ¿Seremos tan ciegos para no verla y tan sordos para no escucharla?

Desde el Instituto de Derecho Ambiental del Colegio de Abogados de Rosario de la 2ª Circunscripción, reclamamos un Estado y una justicia comprometida, especializada y activa en la defensa del ambiente.

El derecho a un medioambiente sano es un derecho improrrogable, porque de él dependen todos los otros derechos.

Instituto de Derecho Ambiental del Colegio de Abogados de la 2ª Circunscripción
Presidente: Dr. Marcelo Terenzio
Vicepresidenta: Dra. María Bernardita Iturraspe 
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